¿POR QUÉ EVITAR LOS REFRESCOS?

Porqué evitar los refrescos

Si el refresco es tu bebida favorita, te damos buenas razones para abandonarlo y algunas claves para lograrlo.

Las bebidas azucaradas sólo aportan calorías “vacías”, sin proporcionar ningún nutriente. Esto ayuda al sobrepeso y aumenta las posibilidades de desarrollar diabetes tipo 2, debido principalmente al azúcar y a sus efectos sobre las hormonas. Hay estudios que indican que los refrescos sin azúcar, que utilizan edulcorantes artificiales aumentan el apetito.

Además, tanto el azúcar como el ácido carbónico que contienen (incluso los edulcorados artificialmente) pueden dañar el esmalte dental y causar caries; y al contener fósforo y cafeína, contribuyen al desarrollo de osteoporosis.

Hay investigaciones que vinculan el consumo de las bebidas carbonatadas con enfermedades crónicas de los riñones, el desarrollo del síndrome metabólico (un grupo de trastornos que incluye presión arterial alta, niveles altos de insulina, exceso de grasa alrededor de la cintura y colesterol alto), ataques cardíacos, hígado graso y enfermedades crónicas del hígado.

Por todo esto, lo ideal es volver al agua, que no aporta calorías y es la mejor fuente para mantenerse hidratado. Pero si te resulta desabrida, puedes ir reemplazándola por otras bebidas más nutritivas como:

-Jugos de fruta, cuidando que no tengan mucha azúcar. Lo mejor es hacerlos en casa y controlar la cantidad, sobre todo si deseas perder peso.

-Té negro, verde, de hierbas… tienen niveles elevados de antioxidantes que protegen al cuerpo. Elígelos sin cafeína.

-Café, sin agregarle crema ni azúcar.

-Leche descremada y de soya, cuidando la cantidad y las calorías.

Es importante tomar de dos a tres litros de agua por día (de 8 a 10 vasos), dependiendo de tu estilo de vida: actividad física, dieta y factores ambientales como el clima y altitud del lugar en el que vives.

Para darle un toque de sabor al agua de manera natural, una buena alternativa es agregarle cubitos de fruta fresca (naranja, uvas o mango) o una fresa congelada, ramitas de menta o una rodaja de lima, limón o pepino.

 

No tienes que dejar los refrescos de repente. Lo ideal es reemplazarlos poco a poco y, cuando menos te des cuenta, ya estarás liberado del hábito.

 

 

 

 

 

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