LAS DOLOROSAS PÉRDIDAS.

Psicóloga Ana Ma. Domínguez Medina

las dolorosas perdidas

Un duelo; ese ineludible y doloroso proceso que significa la elaboración de una pérdida que tan súbitamente nos deja un vacío que no alcanzamos a llenar por más que el corazón suspire, como si con ello quisiera llenar ese oscuro pozo de pesar interno. Ese dolor que de pronto aparece en nuestra vida, que nos ahoga de llanto o de silencio mortal, que nos llena de gran ansiedad o nos paraliza hasta hacernos sentir que el alma se congela, “El pesar oculto como un horno cerrado quema el corazón hasta reducirlo a cenizas”, opinaba Shakespeare y precisamente ese es el punto nodal: evitar instalarnos en la pena que nos deja una pérdida hasta hacer de él una forma de vida. No se puede negar que este tipo de experiencia es un impacto que lacera, que lastima hasta hacer sentir físicamente que el corazón se desgarra. Indudablemente el dolor es inevitable pero el sufrimiento eterno, que como un ancla cargamos indefinidamente; ése es opcional y a nosotros corresponde decidir si nos adherimos a él o lo dejamos ir a su tiempo.

Aunque al inicio del duelo parezca imposible dejar de sufrir, es importante destacar que todos y cada uno de los que atravesamos por una experiencia semejante, tenemos la capacidad y las herramientas necesarias para recuperarnos, sólo que algunas veces nos aferramos al sufrimiento, creyendo que de esta forma mantendremos “viva” la imagen de quien hemos perdido o porque tememos que con ello empezaremos a olvidar al ser amado; nada más equivocado, pues elaborar un duelo significa alcanzar el punto en que recordar al que se ha marchado ya no signifique infinito pesar, sino la total certeza de que vivirá para siempre en nosotros. Aunque parezca incongruente, es absolutamente necesario y sano atravesar el dolor, vivirlo y sentirlo, pues solo así saldremos de él. Cuando adviertas que casi sin quererlo, la risa aparece en tu rostro cada vez con mayor frecuencia, no renuncies a ella, no renuncies a la alegría de vivir que nuevamente despierta en ti, abre los brazos al nuevo sendero que te llama y te dice que todavía hay mucho por vivir y por quien vivir, simplemente deja que ese nuevo y vital ímpetu te conduzca.

 

 

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